HISTORIA
"Mi vida se parece en todo a un ser humano."
Mi proyecto fue concebido dentro del Instituto Marista; hijo legítimo de los CENTROS DE EXTENSIÓN EDUCATIVA, cuando fungía como Director General el Hno. Gabriel Ibáñez Santana y como asesor general, el Hno. Basilio Rueda Guzmán.
COMO NACIMOS

Vi la luz primera el 19 de marzo de 1987, solemnidad del Señor Sn. José bajo cuyo patrocinio quedé auspiciado. Nací en un contexto religioso en el que mis progenitores me presentaban de forma pública y oficial ante un grupo de 30 personas que fungirían como padrinos y me reconocerían con el nombre de: “Patronato de Alfabetización y Extensión educativa para el Estado de Guanajuato A.C.” Con esa primera Eucaristía quedaba marcado mi destino: “Dar vida y darla en abundancia” a miles y miles de niños y jóvenes que pronto accederían a mis aulas.

NACIMOS ADULTOS

Preñados de fe y fortalecido con una recia esperanza nacieron cuatro robustas criaturas: Un primer año de secundaria, turno matutino: con 54 alumnos. Un primer año de Secundaria turno vespertino: con 49 alumnos. Cuatro primeros Semestres de Preparatoria matutina, tres de 44 alumnos y uno de 45. Un primer Semestre de Preparatoria turno vespertina de 57 alumnos. A pesar de que las vías de acceso eran casi intransitables, la primera matrícula alcanzó un total de 337 alumnos inscritos. Pronto seríamos la Preparatoria privada más numerosa de las incorporadas a la Universidad de Gto.

MI ACTA DE REGISTRO

Como todo hijo legítimo mis progenitores me extendieron un Documento donde quedé reconocido como un Centro más de Extensión Educativa. En él, quedaron marcados con caracteres imborrables: “favorecer a niños y jóvenes de clases más necesitadas para llevarlas a Jesús por medio de María, bajo cuyo auspicio, Marcelino hizo florecer su obra y porque estamos convencidos que solamente en forma corporativa podemos realizar unidos, la obra de salvación que Dios quiere para México”. Mi primer nombre como escuela fue el de Marcelino Champagnat para honrar al fundador de os H. H. Maristas en el bicentenario de su nacimiento, protestaron por haber adoptado un nombre ligado con la Religión, e instaron a las autoridades para cancelarlo. Tuve que adoptar el nombre de un insigne benefactor: “Dn. Luis de Alba Martínez”. Hombre que aprendió a salir de la pobreza y de la ignorancia; auténtico maestro de sí mismo; líder por su vida esforzada e inteligente; de nobles sentimientos de amor y comprensión a los pobres. Esta vida representaba a un buen ideal. Esto hizo que nos incorporáramos a la Secretaria de Educación de Gto. con el nombre que nos correspondía: el de Marcelino Champagnat.

POR QUIÉN TRABAJAMOS

Los maestros que iniciamos el 1ro de agosto de 1989, nos inspiramos en el carisma, pedagogía y personalidad de Marcelino Champagnat.

NUESTRA PROPUESTA

Acompañar en su proceso de crecimiento y formación a cuantos accedan a nuestra escuela: Tratándolos con un amor que libere y fortalezca. Contagiándolos de los mismos valores que nos animan a nosotros, es decir, formándolos con el ejemplo. Entregándoles nuestros conocimientos y experiencias como quien sirve. Fraternizando con ellos, con el pensamiento puesto en un futuro que les exigirá coherencia, honestidad y trabajo.

NUESTROS VALORES

Consideramos que para alcanzar de manera satisfactoria nuestras metas y propósitos, necesitamos hacerlo en equipo, animados por los principios y valores de la Pedagogía Marista, cuyos rasgos y postulados los resumimos de la siguiente manera: Con sentido de presencia y una relación basada en el afecto y en respeto de tal manera que permita el contagio de los valores virtudes cristianas. Sencillez: como nota característica que permita un acercamiento al corazón y a la vida de los estudiantes. Espíritu de familia: que permita establecer un clima y un ambiente donde el alumno se siente amado y por lo tanto estimulado a crecer y a desarrollarse como persona. Amor al trabajo: como el medio por excelencia para fortalecer su voluntad, avivar su inteligencia y adquirir las herramientas que le permitan forjar su futuro a fin de ser útil a los demás. Solidaridad: con sensibilidad a las necesidades de los demás, con espíritu de servicio y solidaridad a favor de las grandes causas que posibiliten el establecimiento de un estado de justicia, de paz y de amor a la verdad. Al estilo de María: Fieles a las enseñanzas de nuestro Fundador, vemos en María el modelo a imitar con mayor acierto la meta de la formación: “Ser buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.

NUESTRO SUEÑO

De lo hasta aquí dicho se desprende de manera lógica y natural el perfil o la talla que deseamos que nuestros alumnos alcancen: Queremos que nuestros alumnos lleguen a tener personalidad fuerte. Capaces de aprender a tener dominio sobre sí mismos y no se dejen llevar por las presiones o influencias negativas que les rodean. Que aprendieron a amar el Bien y la Verdad sean libres, capaces de decidir por sí mismos. Con una personalidad armónica y equilibrada basada en el cuidado de la salud, el ejercicio físico, su desarrollo mental y atención espiritual. Con una formación de la voluntad basada en la asimilación de valores éticos y morales que les permita actuar por amor y eficacia. Educar el corazón. Nos referimos a esa dimensión profunda del ser humano sede de los afectos, deseos, amistad y ternura, donde el hombre cultiva el amor por los valores. Relaciones Humanas: Generando en ellos aceptación de sí mismos y de los demás, respeto a la persona y al derecho ajeno, compasión y comprensión, capacidad de escucha y de diálogo, de colaboración y de ayuda mutua, de convivencia alegre y pacífica y de ayuda a los necesitados. Compromiso y solidaridad social: En un mudo en el cual las polarizaciones y conflictos se multiplican y agudizan, y el apetito de la riqueza, del poder y del placer llevan a las personas y a los grupos al uso de la violencia, injusticia, y atropello, queremos formar hombres de bien y de justica, solidarios con las personas más pobres con las que sufren injustamente carencias o privación de sus bienes o derechos. Dimensión Trascendente: Pero el hombre no es solo un cuerpo y espíritu, sino también misterio y trascendencia, porque Dios ha puesto en el un germen divino que lo hace hijo de Dios y heredero de una vida futura: queremos, pues, que en nuestra escuela se formen hombres de fe, esperanza, caridad y oración. Hombres que se vuelvan cada día más conscientes de esa vida nueva que han recibido de Cristo Jesús.

SE PRETENDE FORMAR EN EL ALUMNO

El sentido crítico. La creatividad y participación. Aprender a conocer, a hacer, a ser. A construir juntos, en forma coloquial. A ser sujetos activos de propia formación. Con un proyecto en el que se comparta: misión, visión, valores, metas y objetivos. Llevar al alumno a descubrir, analizar, observar, etc… Todo esto con miras a adquirir: calidad, acreditación, certificación, etc…en los procesos educativos.

NUESTRO FUTURO

Las nuevas aportaciones son importantes, más no para sustituir lo anterior, sino matizarlo, actualizarlo, modernizarlo. Lo medular permanece porque corresponde a la esencia del hombre. En la medida en la que las técnicas modernas contribuyan a hacer más perfecto, más humano, más responsable, más productivo y más solidario… hay que integrarlas como elementos positivos en el proceso de formación del nuevo hombre, de la sociedad. Fieles al pensamiento de Marcelino Champagnat será válido propones los valores universales e inculcarlos en el corazón de un alumno para que tanto el individuo como la sociedad alcancen las metas de justicia, paz y libertad. Así mismo será siempre válido considerar el amor como el motor que impulsa toda acción educativa. La filosofía educativa tradicional y las propuestas modernas, no están reñidas entre sí, ya que lo antiguo y lo nuevo, unidos constituyen la respuesta a las necesidades y los desafíos que nos plantean los niños y jóvenes de hoy. Educar responde siempre a una filosofía y su ejercicio es un arte. La filosofía que nosotros tenemos es la católica desde sus más hondas raíces que concibe le hombre en su más alta dignidad de ser hijos de Dios.

CONCLUSIÓN

El arte consiste en ganar la voluntad del educado despertando en su corazón el deseo de conquistar y poseer los valores que Marcelino Champagnat propone para que el alumno llegue a ser: “buen cristiano y virtuoso ciudadano”